Vivir dentro del hogar puede proteger a los gatos de enfermedades, peleas y accidentes, pero eso por sí solo no garantiza su bienestar. La especialista en gato doméstico y directora médica Guisela Acuña, de la Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias de la U. de Chile, advierte que la vida puertas adentro de los felinos exige un ambiente adaptado a sus necesidades, controles veterinarios periódicos y atención a riesgos cotidianos.
Cada vez más presentes en los hogares chilenos, los gatos se han consolidado como uno de los animales de compañía preferidos. Sin embargo, su bienestar depende de cuidados mucho más específicos de lo que suele creerse. Dormir siempre en el mismo lugar, esconderse frente a lo desconocido o mostrar signos de desconfianza ante ruidos y movimientos bruscos son conductas propias de la especie y tienen relación con la forma en que perciben el entorno.

La especialista médica veterinaria felina de la Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias y directora médica del Centro de Salud Veterinario del Roble de la Universidad de Chile, Guisela Acuña, explica que los gatos conservan conductas asociadas a su historia evolutiva; es decir, siguen siendo cazadores, pero también presas. «Dentro de su modelo de prevención de conflictos, la emoción predominante en los gatos es el miedo«, precisa.
Este rasgo, explica la especialista, cumple una función central en su comportamiento y los vuelve especialmente susceptibles al estrés, a los cambios bruscos y a ambientes que no respetan sus necesidades. En ese contexto, la recomendación es que los gatos vivan puertas adentro (indoor), ya que esto permite reducir riesgos como peleas con otros gatos y la exposición a enfermedades graves, como la leucemia y la inmunodeficiencia felina, entre otros peligros asociados al exterior.
A ello se suma otro elemento: al no haber perdido su conducta de caza, los gatos que viven al aire libre también pueden afectar a poblaciones de aves y otra fauna silvestre. Pero mantenerlos dentro del hogar tampoco basta por sí solo.
Los pilares del bienestar felino
Mantener a un gato dentro del hogar no garantiza por sí solo una buena calidad de vida. Para que esta sea óptima, el hogar debe respetar los cinco pilares del bienestar felino: «Ofrecer condiciones que les permitan sentirse seguros, controlar su entorno y desarrollar conductas propias de su especie», explica.
Entre esos pilares, destacan:
- Espacios en altura que les permitan observar y controlar el entorno.
- Escondites y refugios, donde puedan sentirse seguros frente al estrés o lo desconocido.
- Recursos distribuidos en distintos puntos del hogar, como cajas de arena, agua, comida y rascadores.
- Juego diario y posibilidades de desarrollar su conducta de caza de manera segura.
- Respeto por su olfato, sus rutinas y sus tiempos de interacción, evitando cambios bruscos en el ambiente.
En esa línea, la especialista advierte que uno de los errores más frecuentes es creer que basta con no dejarlos salir. En hogares con más de un gato, por ejemplo, recomienda seguir la regla de «número de gatos más uno» para cajas de arena, platos de comida, recipientes de agua y rascadores, siempre distribuidos en lugares distintos de la casa.
También subraya la importancia del juego cotidiano y del respeto por las rutinas y referencias olorosas del gato. «Lo que ocurre si esto no se cumple es que los gatos se estresan y el estrés se traduce en enfermedades«, advierte, mencionando entre ellas la cistitis idiopática felina en gatos susceptibles y la exacerbación de cuadros asociados a leucemia o inmunodeficiencia felina, por ejemplo.
Esta decisión también puede beneficiar la expectativa de vida del animal de compañía, que incluso puede llegar a los 20 años o más. «La expectativa de vida aumenta porque tienen los recursos de supervivencia a mano. Además, los tutores de gatos están constantemente pendientes de los pequeños cambios, ya que podrían indicar signos de enfermedad», detalla.
Flores, remedios y otros riesgos dentro de la casa
Junto con promover la vida indoor, Acuña advierte que en el hogar también existen elementos de uso cotidiano que pueden representar un riesgo.
Entre ellos, destacan:
- Lirios
- Chocolates en todas sus versiones
- Azaleas y rododendros
- Productos químicos de limpieza, incluidos limpiadores, desinfectantes y baldes con agua de trapeo
- Xilitol, ingrediente presente en algunos chicles, caramelos y productos sin azúcar
Sobre el listado, menciona: «Los lirios son sumamente tóxicos para los gatos. Pueden provocar una falla renal aguda», advierte, por lo que recomienda no tener este tipo de plantas ni sus derivados dentro de la casa.
Además, hace énfasis en que uno de los mayores factores de riesgo en los animales de compañía es la automedicación: «No recomiendo que automediquen a ningún gato o perro». En particular, alerta sobre el paracetamol: «Es absolutamente tóxico por el solo hecho de existir para un gato. No hay una dosis establecida».
Junto con evitar estos riesgos, la especialista recuerda la importancia de mantener al día los esquemas de vacunación, la esterilización temprana y los controles preventivos.
En gatos adultos, se recomiendan chequeos anuales, mientras que en pacientes sénior estos deberían realizarse al menos cada seis meses. Sobre esta etapa, se precisa que un gato comienza a considerarse sénior aproximadamente a los 10 años, pero sus controles deben realizarse desde los 7 u 8 años para llegar saludable a su siguiente etapa vital.
En ese sentido, insiste en que sumar un gato a la familia implica asumir un compromiso de largo plazo, con cuidados permanentes y atención temprana frente a cualquier cambio en su conducta.
